Templos del músculo y la diversión

Templos del músculo y la diversión

Los escenarios deportivos han sido epicentros para el desarrollo cultural de las sociedades. Sus construcciones responden a parámetros heredados y a la vez adaptados según los avances de cada época. A la luz del Coliseo Romano, una mirada a la infraestructura deportiva en Colombia y al sello Pleximundo.

Sobre lo que era un lago nació aquel coloso. Sus cimientos fueron sacudidos por los terremotos y sus fachadas despellejadas durante siglos por los abusos de los saqueadores. Sin embargo, casi dos mil años después de que el emperador Vespasiano lo concibiera, el Coliseo todavía exhibe parte de sus 80 arcos en desfile sobre cada uno de sus tres pisos circulares, como símbolo de los aportes arquitectónicos y de ingeniería legados al mundo por el Imperio Romano.

La alusión al Coliseo, un portento que por su vitalismo histórico aún parece reproducir los tañidos de las espadas de los gladiadores y las exclamaciones de las 50.000 gargantas agolpadas en sus graderías, resulta necesaria o casi obligatoria cuando se habla hoy de infraestructura de escenarios deportivos.

“El Coliseo Romano ha tenido una influencia innegable en el diseño de estadios e infraestructura deportiva a través de los siglos, hoy todavía los principios básicos de su composición son repetidos en todo el mundo”, expone en su blog el profesor de diseño urbano y paisaje en la FEFU de Vladivostok, Rusia, Carlos Zeballos.

Los romanos, enamorados de la eternidad, trazaron muchos de los planos con los cuales creció y evoluciona Occidente hoy, según se deriva de los conceptos que la ingeniería contemporánea contempla al instante de construir un escenario deportivo. “Es necesario hacer un análisis del lugar y el público para el que se realiza el campo deportivo, de esta manera se puede dar una respuesta tecnológica y de materiales adecuada a las necesidades”, expone Luis Alejandro Zapata, gerente de Pleximundo, una de las compañías colombianas líderes en este campo.

Las aguas que Nerón había estancado para el lago artificial de la Domus Aurea, su mansión privada en los días que aún acariciaba el arpa de su gloria, serían drenadas hacia el Tíber por orden de Vespasiano. ¡Sí, tenía que ser en aquel lugar! Tanto el nuevo emperador como sus ingenieros edificaron el Coliseo guiados por una asombrosa clarividencia, confirmada por la vigencia de sus cálculos y estimativos hoy, y que representan el abc en la planificación de las construcciones modernas.

“Adecuada orientación por asoleamiento. Escogencia de lotes de propiedad del municipio que no estén en zonas de reptación o alto riesgo, libres de barreras para la accesibilidad. Seguridad del escenario, acabados y sistemas constructivos estables y duraderos”, según lo recomienda Juan Carlos Johnson, profesional especializado y jefe de equipo técnico de infraestructura deportiva (e) en Indeportes Antioquia.

El Coliseo, que fue levantado sobre el pequeño valle custodiado por tres colinas (Palatino, Celio y Esquilino), ejercía, por su ubicación y sus espectáculos, una influencia anestésica en el comportamiento de la gente. Un magnetismo conservado hasta hoy y que, para aquel entonces, resultaba impactante en la política de control etiquetada bajo el binomio: “pan y circo”.

Imposible concebir un escenario de esta naturaleza desligado del sentir, de los ideales y de los referentes simbólicos de la colectividad. En este sentido, la idea heredada por los hijos del imperio permanece inmodificable: “Que el escenario cubra las necesidades sentidas de la comunidad. Que sirva de punto de encuentro para esta y de apropiación del espacio público”, señala Johnson como ideal, antes de que los maestros de obra empiecen a retorcer los hierros y a vaciar cemento.

Piedras con fecha de vencimiento

Luego de marcar la ‘x’ del ‘aquí’ en el mapa, la decisión siguiente es otro mandamiento: “Determinar la solución tecnológica, la calidad de la obra y escoger el material apropiado. La experiencia determina la longevidad y la calidad del campo de juego, lo que se ve reflejado en el rendimiento de los deportistas”, afirma el ingeniero Luis Alejandro Zapata, ejecutivo de Pleximundo.

La piedra caliza travertino, empleada para los pilares, la planta baja y las paredes externas del Coliseo, era extraída de las canteras de Tívoli, a 30 kilómetros de Roma. Cada material era una decisión cargada de significantes. El mármol para los asientos imperiales, para las estatuas, constancia de inmortalidad, y para las fuentes de agua que incluso manaban perfumes en su fluir, según las metáforas del poeta Tito Calpurnio.

“La vida útil de cada escenario es diferente. Está ligada al mantenimiento y seguimiento de las recomendaciones hechas por la constructora, debido al tráfico alto y a la exigencia específica de estos espacios. La calidad y la experticia determinan también, en gran manera, la vida útil de la obra”, ilustra el ingeniero Zapata.

Sí, cayó el Imperio pero hoy el Coliseo sigue regando su sombra sobre Roma con cada viaje del sol. La inversión hecha por la dinastía Flavia, soportada en los tesoros extraídos de Jerusalén, le apuntaba a un escenario eterno. Este parece ser un axioma irrefutable:

“La calidad de los materiales determina de gran manera tanto la vida útil del escenario como el rendimiento de los atletas que lo usan. Se puede establecer una relación costo – beneficio entre la duración que ofrece un material de alta calidad con respecto a uno de calidad inferior, arrojando a mediano y largo plazo mejor resultado hacer una inversión inicial mayor que una menor, pues esta última deberá repetirse en un periodo de tiempo corto debido al desgaste acelerado de los materiales”, señala el experto de Pleximundo.

El especialista de Indeportes Antioquia toma el sello y marca tentativas fechas de vencimiento sobre las fachadas de los escenarios públicos: “Para efectos de durabilidad, entre 10 y 20 años, dependiendo de un adecuado mantenimiento. Algunos escenarios, tales como pistas atléticas, de bicicrós, patinódromos, entre otros, son susceptibles a modificación por las federaciones respectivas. Así, los escenarios ya construidos pasan a ser recreativos porque no es posible adaptarlos a los nuevos requerimientos”.

El mundo como cantera

Las cenizas del Vesubio, que de un solo eructo borró a Pompeya en el 79 d. de C., sirvieron para componer las mezclas que unirían algunas de las piezas del Coliseo, pese a que el volcán se hallaba a más de 200 kilómetros de Roma. “Para nuestro medio −Colombia−, lo único que se importa son los materiales sintéticos para acabados de pisos en coliseos, placas polideportivas, pistas de atletismo y gramas sintéticas, cuyo acabado debe cumplir con condiciones específicas corroboradas por ensayos de laboratorio”, ilustra Johnson.

Y agrega: “En casos especiales y para torneos de carácter internacional, se utilizan implementos deportivos tales como aparatos para baloncesto, voleibol, gimnasia… los mismos que deben cumplir con reglamentos de cada deporte”.

Hoy, no bastaría con arena. Los gladiadores ahora sostienen sus combates en las dimensiones de la memoria. Los actuales ‘guerreros’ del músculo urgen de otras soluciones. Pleximundo, compañía que distribuye en exclusiva para Colombia los productos Plexipave, una superficie sintética sobre la cual se disputan el Australian Open y el Indian Wells, ofrece en su menú materiales de proveedores internacionales como California Products, Herculan, Edel Grass, Grabo Sports, Casali Group, HarTru, Dougflas, Superblade, EcoSpecifier, Vesmaco, Action Floor Systems, LLC, DIN, Sport Atnet International, Cen y Fahneu.

El espíritu de los escenarios

Roma era un hervidero. Y así durante más de 400 años en época de juegos. Migraciones de todo el Imperio se agolpaban entorno del Coloso. Sus 76 entradas se tragaban a los miles que luego eran regurgitados cuando los heraldos se acallaban. Cada arco, cada bóveda, cada pasillo correspondía a una lógica funcional. El emperador ingresaba a su palco a través de un túnel, aislado de cualquier plebeyo con aire de justiciero. Los senadores, los nobles, los soldados, la plebe, cada quien en su nivel. Los túneles bajo la arena, los ascensores para los gladiadores…

“Garantizar el libre acceso de la comunidad para lograr la máxima utilización del escenario para la competición, el fomento, la recreación y la fundamentación”, es un imperativo, de acuerdo con el arquitecto Juan Carlos Johnson. Y para cumplir con esto, mil respuestas tecnológicas en favor de la ingeniería, según lo distingue el especialista:

a) Escenarios a nivel de piso:
ingeniería similar a la utilizada para la construcción de vías con drenajes (obras de arte tales como cunetas, muros de contención), estructuras de pavimento y materiales con acabados ya sea en concreto, asfalto o material sintético.

b) Edificaciones en altura (coliseos, graderías, cubiertas, etc.):
similar a las edificaciones con el cumplimiento de las normas sismorresistentes (NSR-10); normatividad para las instalaciones eléctricas e iluminación (Retie y Retilap), normatividad para instalaciones hidrosanitarias, ambientales y normas de las oficinas reguladoras del espacio público en los municipios respectivos, entre otras”.

Obviamente, así como la arena oval del Coliseo respondía a una métrica ‒83 metros en su eje mayor y 48 en el menor‒, los escenarios deportivos tienen sus propias tallas. Además de ingenieros y arquitectos, este tipo de obras urge de asesorías por parte de quienes rigen la práctica del deporte y quienes se tallan a través de ella: “Se crean equipos interdisciplinarios donde se escuchan las experiencias de los deportistas que han competido internacionalmente en escenarios homologados. Además, se contactan las federaciones y/o ligas deportivas que tienen al día la normatividad y reglamentación según la disciplina deportiva”, afirma el jefe del equipo técnico de infraestructura deportiva (e) de Indeportes Antioquia.

Las firmas privadas tienen que ser conscientes de este requerimiento: “Los campos deportivos, como todos los escenarios construibles, están supeditados a medidas reglamentarias y estándares de calidad. Existen materiales y tecnologías específicas que suplen los requerimientos de cada una de las disciplinas deportivas, ayudando al deportista a mejorar su rendimiento al proporcionar las condiciones idóneas para el desarrollo de la actividad deportiva”, sentencia el gerente de Pleximundo.

Errores olímpicos

El Coliseo Romano podría ser una huella de la anhelada perfección humana. Al parecer, el emperador reducía los márgenes de error con su pulgar. Un giro hacia abajo y la espada del verdugo ‘corregía’ la medición errada. Más de 20 siglos de ingeniería no son del todo garantía para que los escenarios de hoy estén exentos de equivocaciones.

“La utilización de materiales y tecnologías genéricas para escenarios de uso específico. Una obra que no cumpla con ciertas características específicas hará que sufra un desgaste mayor, que sea necesario un replanteo de la obra o incluso puede por desperfectos que se hacen evidentes con el tiempo, provocar lesiones”, sentencia Luis Alejandro Zapata, de la compañía Pleximundo.

De nivel en nivel, aumentaban los grados de inclinación. Así se corregían los ángulos para la visibilidad del espectador en el Coliseo. “En nuestro medio, el más común de los errores se detecta con la falta de asesoría de algunos profesionales del diseño, ya que no profundizan en la normativa y reglamentación, generando así un escenario deportivo sin la posibilidad de homologación”, ilustra Juan C. Johnson, y complementa:“En el caso de escenarios recreativos, se falla en algunas ocasiones en aspectos básicos tales como la altura libre mínima de cubierta, isóptica ‒visibilidad desde las tribunas al campo de juego‒, retiros según normativa del POT correspondiente, cumplimiento de normativa para accesibilidad de personas con movilidad reducida, dimensiones del campo de juego con la demarcación correspondiente, falta de amoblamiento urbano acorde con la población que accede y la construcción en sitios alejados del casco urbano”.

¿En qué nivel está la ingeniería colombiana en el área deportiva frente a la extranjera?

“El diseño y la construcción de los campos deportivos es autónomo; sin embargo, existe una estandarización internacional a la cual estamos sujetos y la variedad de los materiales de acabado en su mayoría se producen en otros países, por esto la dependencia se hace alta”.
Luis Alejandro Zapata, gerente de Pleximundo

“Tiene un altísimo nivel, equiparándose con las grandes empresas del mundo, donde solo nos pueden diferenciar las tecnologías en el proceso constructivo, así como los materiales comunes para utilizar en países tecnológicamente desarrollados. Por esto, no dependemos de proponentes extranjeros para desarrollar los diseños, con excepción de las ramas especializadas en algunos escenarios, donde existen especialistas del diseño para competencia, como por ejemplo las normas de seguridad que apliquen en común a países que participan en un evento deportivo de talla internacional”.
Juan C. Johnson – arquitecto de Indeportes Antioquia

“Siempre la base de la superficie se construirá con materiales producidos en el país, y los acabados, con importado. En los acabados, en porcentaje, tendríamos 80 % material importado, 20 % nacional”.
Luis Alejandro Zapata, gerente de Pleximundo

“Los costos de los materiales nacionales suelen ser más estables que los importados, que varían dependiendo del precio del dólar. El cambio de estos valores afectará siempre el costo final de la obra”.
Luis Alejandro Zapata, gerente de Pleximundo